lunes, 4 de mayo de 2015

Una semana en París

Miércoles 8 de Abril, 21:35 , varias llamadas procedentes del colegio nos comunicaron que el vuelo con destino a París se había cancelado. Fueron momentos de desesperación, angustia, tristeza, creíamos que por primera vez en las Agustinas, se iba a suspender el mayor evento esperado por los alumnos de 4º de la E.S.O. de francés. Los mensajes entre nosotros, los alumnos, eran infinitos… ¿qué hacemos mañana?, ¿volveremos a ver a nuestros correspondientes franceses?, ¿tendremos la suerte de que se solucione a ir por lo menos con días de retraso?. Eran tantas las preguntas que cada vez era mayor nuestra desazón. Quedamos en irnos a dormir todos, y pensar el día tan raro que nos esperaba mañana, hasta que a las 00:00 más o menos, comenzaron a llegar llamadas procedentes del colegio a nuestras casas… ¡al final sí que nos vamos a Francia! Era tanta la alegría que se multiplicaron los mensajes entre nosotros, mensajes llenos de euforia y alegría. Así que así fue, al día siguiente a las 08:45 nos reuníamos todos los alumnos con nuestros padres y como no, nuestras profesoras acompañantes, Elena y Catalina en la estación de trenes de Valladolid. Nuestros padres no dejaban de dar la enhorabuena a nuestras profesoras por el trabajo realizado la noche anterior, por lo que a las 09:18 de la mañana salía un tren desde la estación de trenes de Valladolid con destino a Hendaya. Allí íbamos nosotros con una ilusión enorme ya que con todo lo ocurrido lo valoramos mucho más.

Eran muchas horas de viaje, pero se hicieron cortísimas por las risas, anécdotas e historias que contábamos nosotros, paseos por el tren… aunque alguno le venía algún que otro bajón y le vencía el sueño. Cuando llegamos a Hendaya cogimos las maletas y nos montamos en un tren con destino a París. El tren francés era totalmente contrario al español. No se podía ni respirar del silencio que había, pero allí estábamos nosotros para dejar claro de donde veníamos. Es cierto que a alguna señora no le pareció bien, pero nosotros estábamos llenos de ilusión y sabíamos que nos esperaba una semana digna de recordar.

Cuando llegamos a París todo estaba lleno de gente, por lo que debíamos andar con mucho cuidado. Teníamos un mini bus propio, asique allí estaba esperándonos. El autobús nos llevó a Versalles, ya que allí vivían nuestros correspondientes franceses.

Por fin llegamos al colegio de nuestros franceses, “Le Blanche de Castille”, un colegio muy prestigioso que había realizado intercambio con países de todo el mundo. Allí nos estaban esperando nuestros franceses con sus respectivos padres. Desde el bus todos estábamos nerviosísimos por saber cómo íbamos a caer a las familias.

En general, todo fue muy bien, todas las familias eran muy agradables y nos acogieron con mucho cariño. Las comidas, la forma de ser, y el horario de las familias eran muy diferentes a España, pero a eso veníamos, a experimentar cómo se vivía en Francia durante una semana.

Al día siguiente de llegar, empezamos con nuestra guía de visitas francesas empezando el Viernes con el Museo d´Orsay y el Gran Rex. Todo era precioso y muy distinto a los monumentos españoles. Todo era enorme y tuvimos la suerte de aunque no estaba programado, visitar la Ópera y las galerías Lafayette.

El viernes por la tarde, fuimos algunos españoles con nuestros franceses a un centro de ocio donde nos invitaron a un partida de paintball con su respectiva cena en una hamburguesería a continuación. Nos lo pasamos genial.

El fin de semana cada una hicimos el plan que nos propuso nuestro correspondiente francés, algunos fueron al palacio de Versalles, otros a Normandía, ¡y alguno se fue a Disney! Tuvimos la suerte de que el sábado por la noche, todos los franceses organizaron una fiesta en una casa impresionante que tenía piscina. Nos lo pasamos en grande.

El lunes seguimos con nuestras visitas parisinas, hoy tocaba Notre Dame, sin duda una de las cosas que no te puedes perder si visitas París. Tuvimos la suerte de subir hasta lo alto de la catedral, aunque lo llamaría suerte hasta el cierto punto de subir todos esos escalones de caracol. Eran infinitos, había veces que pensábamos que si de verdad nos merecía la pena subir, ¡pero vaya que si merecía la pena!. Era estremecedor sentirte como una hormiga frente a la gran catedral parisina. A pesar de las visitas guiadas que teníamos, también tuvimos nuestro tiempo libre para irnos de compras o visitar cosas que no teníamos incluidas en las visitas que nos proporcionaba el colegio.

El martes fuimos al Palacio de Versalles, un lujo de palacio que nos sirvió como fondo de miles de fotos que nos hicimos allí. Las comidas que nos hacían nuestros franceses estaban buenísimas; bocadillos ( con queso sí o sí), galletas, refrescos, chocolates, gominolas…aunque bueno, ya que como algunos les ponían menos que a otros, nos reuníamos en un círculo a la hora de comer mientas compartíamos todas las comidas. Así por lo menos, nadie pasaba hambre.

Por las tardes, llegábamos sobre las 18:00 a las casas de nuestros franceses y a continuación hacíamos lo que nuestros franceses nos tenían programado; entrenamientos, paseos, ir de compras, visitar París... hasta alguno le tocaba ayudar a su francés a hacer sus deberes.

El miércoles visitamos el Museo del Louvre y la Torre Eiffel. En el Louvre aprovechamos para compras souvenirs para nuestras familias y amigos. Con la comida hacíamos igual que todos los días. Después de comer visitamos la Torre Eiffel donde nos hicimos miles de fotos. Lo único que no pudimos subir por la cantidad de gente que esperaba en la cola para presenciar desde lo alto de la Torre Eiffel las vistas aéreas parisinas, aunque no nos importó yo que esas vistas ya tuvimos el placer de verlas en lo alto de Notre Dame.

Cuando llegamos a Versalles todos los franceses nos llevaron a pasar la tarde al gran centro comercial Parli 2, situado en Versalles. Hicimos varias compras y después nos llevaron a cenar al McDonald. Fue una tarde inolvidable aunque ya teníamos en la cabeza el triste pensamiento de que nos íbamos al día siguiente…

¡Ah! Se me olvidaba mencionar a nuestro gran chófer. No era un chófer cualquiera. Un día, cuando estábamos de vuelta a Versalles se nos ocurrió poner música con el móvil para amenizar un poco el viaje, cuando de repente oímos que la música de nuestro teléfono estaba sonando en los altavoces del propio autobús. Así era, el chófer había reconocido la canción con el programa Shazam y a continuación lo puso en el autobús. A partir de entonces todos los viajes los hacíamos con nuestra música española sonando en los altavoces de aquel autobús. Sin duda, era el caso de decir que ¡era un chófer de primera!

El jueves fue un día durísimo. La despedida fue durísima, caras repletas de tristeza luchando por intentar que no cayese la primera lágrima. Algunos quedaron a visitarse en verano de nuevo, por lo que estaban más tranquilis. Después de la despedida y de dejar a nuestros franceses en sus clases nos fuimos a la salida del colegio a esperar a unos taxis que nos llevarían la estación de trenes de Paris. Los taxis no llegaban y la hora de salida del tren se aproximaba, creíamos que íbamos a perder el tren pero… ¿Qué más nos podía pasar? Cuando llegaron fueron lo más rápido que pudieron a la estación. Aun así tuvimos que ir corriendo hasta el andén ya que nos quedan minutos para que el tren saliese con destino a Irún.

Cuando montamos en el tren ya estábamos tranquilos, nos esperaba un cansado viaje hasta España. Al llegar a Irún cogimos otro tren con destino por fin a Valladolid.

Llegamos cansadísimos pero también muy ilusionados por reencontrarnos con nuestras familias. Nuestros padres tenían más ganas de vernos que nosotros pero aun así se agradeció poder abrazarles después de una semana sin verlos.

Ha sido un intercambio difícil de olvidar por la cantidad de problemas que tuvimos, pero bueno, nos comportamos como una piña, tanto profesoras como alumnos y supimos salir de cada problema con una sonrisa en la cara, y sobre todo dejando el nombre de Agustinas bien alto por la capital parisina.

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